martes, 3 de junio de 2008

Revelación, no ideología



Rosanna Brichetti Messori


La pretensión de Verdad del cristianismo es incómoda y pretenciosa para el mundo laico, y tendría razón si el cristianismo fuese una ideología más y Cristo un héroe social. Pero esto no es lo que afirma Jesús ni lo que pretendía. Su mensaje es universal, tanto que puede abrazar la Verdad de cada ideología y darla un sentido.
El mensaje cristiano es equilibrado y realista, no así las ideologías. Por que sólo Dios sabe de verdad cómo está hecho el hombre y conoce en lo íntimo su trabajo y la necesidad profunda de esperanza y de amor. El mundo laico nos acusa continuamente de tener una pretensión de "Verdad" que, según su juicio, querría ponerse por encima de las demás formas de pensamiento, de las diversas propuestas filosóficas y culturales que proliferan en nuestro mundo moderno y post-moderno. Tendrían razón si se tratase de una "imposición", ciertamente intolerable para la mentalidad hodierna. El principio "Cuius regio eius religio" de antiguo recuerdo, el hecho de que el pueblo debiese seguir la religión del príncipe es, ciertamente, y con justicia, obsoleto. Así como hoy parece imposible cualquier forma de fanatismo que se proponga de "doblar" a alguien con la violencia, pero también con cualquier otro medio, a una fe. El principio de la libertad de conciencia es ya un dato adquirido, aunque no aplicado en todas partes. No tiene razón cuando denuncia una desigualdad que no es una elección para los cristianos, sino una consecuencia lógica, una necesidad. Lo que los creyentes en Jesús proponen no es de hecho una ideología entre otras muchas, sino una Revelación. Es una diferencia fundamental. Intentemos captar por qué. Las ideologías, como la misma palabra dice, son el fruto de las razones humanas que busca entender la realidad, de explicarla y en cierto modo de dominarla, de controlarla, de hacerla más simple y unívoca, encuadrándola en un esquema. Es el rol, y también la tentación, que han tenido los intelectuales desde siempre, especialmente en el mundo occidental donde el puesto asignado a la razón entre las diversas facultades humanas ha sido siempre elevado. Todo esto tiene elementos positivos, naturalmente. Es el hombre que reflexiona sobre sí mismo, sobre el significado de su propia vida, sobre su compromiso en el mundo. Es la persona humana que busca entender como valorarse y realizarse en sí misma y como sociedad. Pero todo este trabajo esconde en sí muchos peligros que han aparecido cada vez más evidentes, sobre todo a partir del Iluminismo. Mientras hasta ese momento la difusa y casi descontada presencia de la fe en lo sobrenatural había dirigido y puesto muros de contención al pensamiento, con la progresiva afirmación de un racionalismo cada vez más radicalmente ateo, la mente humana empieza a mirar al hombre y al mundo en una dimensión que se hace casi exclusivamente horizontal, y por eso mismo, manca y parcial. Así, en los último dos o tres siglos las ideologías se han multiplicado, sustituyéndose las unas a las otras con una velocidad en ocasiones impresionante. Buscan, mucho más que en el pasado, hacerse realidad, unirse estrechamente a la política para dar vida a regímenes que se propusieran ponerlas en práctica. Y, cuando los esquemas que las caracterizaban, como era obvio, mostraban sus límites, usaban la fuerza de las armas, las prisiones, los campos de reeducación y lo que hiciera falta para mantenerse en el poder. Todos conocemos, por ejemplo, el marxismo o el nazismo, y de los que se han mostrado sus errores y horrores. Pero no son las únicas, sobre todo por que el hombre moderno se ha alejado de Dios y parece estar cogido por una necesidad irrefrenable de producir nuevas ideologías.
Por lo general, las ideologías humanas se organizan en torno a un núcleo de verdad que termina por convertirse en mentira en su desarrollo sucesivo. Ya hemos citado al marxismo que justamente identifica en los aspecto económicos un factor importante para el hombre y la sociedad, pero que sin embargo los exaspera , convirtiéndolos en un absoluto. El mismo racionalismo, también él una ideología, es más, la base de cualquier ideología, parte de una justa premisa, es decir, de la importancia de la razón y de sus instrumentos de conocimiento -como la ciencia y la técnica-, terminando sin embargo por darle un papel totalitario que pretende excluir del horizonte humano otros modos y formas de conocimiento Igualmente han terminado por ser ideologías otras formas aparentemente más inicuas, pero igualmente peligrosas como, por ejemplo, el ecologismo y el pacifismo. ¿Quién no desea que se conviva pacíficamente en un mundo limpio? Todos, obviamente. Pero no a condición de perder el sentido de la realidad detrás de utopías que hacen perder de vista cómo las relaciones de los hombres entre ellos y con el mundo sean fruto de equilibrios delicados, que deben buscar la exclusión al mismo tiempo de visiones apocalípticas o, por el contrario, irreales y románticas. El deber del hombre es difícil y exigente. No admite vuelos pindáricos en ninguna dirección. Pero también el liberalismo hoy imperante es una ideología. Es partir del justo reconocimiento de la unicidad y de la libertad de la persona humana, haciendo de él, sin embargo, el único punto de referencia para la vida moral. Es dar espacio a todo deseo que se convierto por eso mismo en legítimo. Lo peor es que como esto no tiene final, hoy en día nos encontramos en presencia de otro fenómeno inquietante: que todas estas ideologías, radicadas en nuestra cultura occidental y entrelazadas entre ellas dan lugar a un tipo de súper-ideología, a esa jaula sofocante que es lo llamado "políticamente correcto". Así, para ser verdaderamente "moderno" hay que ser, aunque sea vagamente, de izquierdas, mirar con suficiencia a quien se obstine a ir más allá de la ciencia, ser ecologista y pacifista extenuante y acrítico, sostener la visión liberal de la vida que abraza sin titubeo la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, el divorcio. Cosas que te quitan la respiración si uno se vuelve consciente. La visión cristiana de la vida es bien diversa de aquella de la ideología. El hombre es criatura: una maravillosa criatura hecha libre y consciente a imagen de Dios, llamada a un destino eterno. Personas capaces, en el curso de su vida, de profundizar estas cualidades, entrando en relación las unas con las otras y con el mundo entero. Hechas para expresarse y crear sea en la vida afectiva que en el trabajo. Seres, sin embargo, que pese a ser libres, no son autónomos y que por esto tienen necesidad de "instrucciones para su uso". Así, si aquel Dios que los creado no los continuase guiando, acabarían por perderse. Y esto porque su razón es muy capaz , pero corre el riesgo de incurrir en el error, su corazón tiene la potencialidad grande de amar pero corre el riesgo de confundirse dejándose engañar por las pasiones. Por esto el Espíritu está continuamente a la obra para introducirnos siempre más a la Verdad. Para sugerirnos quién es Dios y quién somos nosotros, para hacernos entender cuál es nuestro destino y qué debemos hacer para realizarlo. Por esto el cristianismo es una Revelación y no una ideología, por que es un don de lo alto, es una colaboración entre el Cielo y la Tierra, entre Creador y criatura, y no un fruto de la mente humana, dejada a sí misma y a los propios límites. Por esto las ideologías pasan y Jesucristo permanece y permanecerá más allá de los errores que los cristianos pueden realizar, hasta el fin de la historia, y después, para la eternidad. Por que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Es Dios el que viene el encuentro del hombre y le ayuda a entender y a realizarse. Y el cristiano debería ser aquel que sabe recoger con confianza y seriedad esta ayuda, y que agradeciendo, busca ponerlo en práctica. Por esto el mensaje que emerge de la Revelación y que continúa en la Iglesia es siempre más equilibrado y realista, a diferencia de las ideologías: sabe hacer sitio a la fe y a la razón, al pecado y a la gracia, a ricos y pobres, a éros y a ágape, a libertad y sacrificio, a justicia y misericordia. Por que Dios sabe de verdad cómo está hecho el hombre, conoce en lo íntimo su trabajo, sabe de su necesidad profunda de esperanza y de amor. Por esto, a diferencia de las ideologías no sólo no enjaula sino que por el contrario, libera y salva al hombre. ¿Cómo podremos aceptar que el mensaje que se nos ha confiado y que en la Iglesia se perpetúa venga tratado como una ideología o filosofía? Debemos defenderla con mansedumbre pero con decisión. O de otra manera, sería una traición inadmisible. No es soberbia o violencia o deseo de dominio hacer estas distinciones. Es sólo el intento de mantener viva la esperanza para que mucho puedan esperarla todavía.

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